Como era tradición se celebraba la gran reunión anual a puerta cerrada de los 4 grandes sabios de las 4 grandes tribus, autoproclamados (aunque sólo cuando se encontraban en parejas o grupos mayores) Grandes Antiindependentistas, dado lo inusual de lo cual siempre ellos mismos escribían con mayúsculas, como si de un individuo tal que San Pepito o Mac Donald tratárese. Sin embargo esta vez no había acuerdo por otras partes. La discusión rugía calladamente a la espera de ser desatada cual caballo loco en tormenta. Así que a la salida de los guardias uno de los sabios interrumpió las delicadas conversaciones que habían surgido:
- ¡Señores! - Dijo, liberando contra conciencia ajena un pedregal de lo que parecía girar en el aire como algún tipo de hebras deformes más cargadas en algunos sitios que en otros, uno de los reunidos sabios - El tiempo es crucial y aún no se ha desenvuelto el objetivo de este concilio. Resulta de imperiosa urgen...
Los guardias llamaron a formar alrededor del refugio y tras la interrupción un mordisco arrancó la pared, exponiendo a los cuatro eruditos a un tracto tan imponente como obtuso. Afortunadamente los guardias habían abierto las puertas del recinto y se interpusieron en la trifulca, empujando a salvo a los reunidos y cayendo cual moscas despreciables que sirven graciosamente en forma de alimento a cualquiera de los que pasen cerca del charco de miel en el que quedaran atrapadas.
Cambiando de punto de vista a otro más allá de la esfera desenfocada de coloridos objetos móviles y cambiantes que todo rodea la escena se desarrollaba de otra manera, en la que un hombre alto y moderada, aunque claramente alopécico giraba la cabeza para vigilar un maletín que a la vez agarraba violentamente; pero sobre la descuidada superficie cubierta de pelo que dicha cabeza ostentaba con resignación se discutían acontecimientos futuros que si se hubiesen previsto más valor podría haber tenido la situación de interrumpir las cadenas de acontecimientos que los originasen. Desde que el uso de razón hizo que la vida en este mundo dejara de ser lo que fría y cuidadosamente estudiada parecía ser se había conseguido contener a los intrusos del exterior en la parte alta del ecosistema pobre en recursos y ante la duda se aspiraba a que fueran pasto de las criaturas marginales que allí hubiera. Mientras tanto la colonia primigenia se escindía en cuatro tribus a su vez escindidas de múltiples formas que se aseguraban en las zonas más pobladas con un frente célebre, firme alrededor de la coronilla, que reprendía los incesantes ataques que tenían a bien discurrir los más abstractos personajes.
La problemática discurrida se vino desarrollando a suerte de aquellos que lograban sobrevivir al férreo acoso, perdiendo el control de su crecimiento y apropiándose del carácter destructivo de lo tosco y obcecado. Podía haber quien dijese que vagaban sin rumbo cambiando de dirección sólo para encontrar alimento, pero los habitantes más organizados de aquella cabeza tenían claras las tensiones que los años habían desarrollado y que estarían a punto de dar lugar a una de las más llamativas expresiones de asco y desgracia de la naturaleza: la movilización sincronizada de un frente importante de artrópodos no voladores.
Ya estaba todo organizado. La reunión era un mero trámite previo al ataque y toda la civilización de aquella cabeza se había estado preparando para obtener el beneplácito de la deidad que representa la paz y la familia, creada para el evento. El momento más decisivo de aquella trifulca se vio sin embargo, interrumpido. El motivo de la disputa, quizás previendo el desagradable acontecimiento arbitró que el frente se viera dividido justo por la mitad reclinando su asiento y apoyando en él la cabeza para tratar de dormirse. Gracias a esto todo lo que quedó en su recuerdo fue una sensación de cosquilleo y una serie de pinchazos en la cabeza pero la escena se desarrolló con violencia, contaminando la mirada atónita de azafatas y cualquiera que en su azaroso movimiento ocular cruzara la mirada en la dirección menos afortunada. Dos frentes subían desde los laterales de la cabeza, llegando a cubrirla por completo mientras los desplazados de la nuca recuperaban posiciones saltando desde la almohada.
Cuando los ordenadores funcionaban con ratón
Partícipes de vuestra ignorancia, cómplices de vuestra esclavitud
domingo, 15 de enero de 2012
Saltar por la ventana
Esta narrativa sólo ha de tomarse como contraejemplo y en ningún caso ha de ponerse en práctica, pues los protagonistas de la misma no gozan de la sensatez que distingue de ellos a la gente de a pié y a cualquier otro. Tomando asiento, nuestro no por ello más querido personaje, Federico, suelta la anilla que lo sostenía al fuselaje del autobús y cae de culo en una plaza. Sin más preámbulos un disléxico redomado de nombre Asclepiodoto y pseudónimo Ascledoto sentado hacía tiempo en el asiento que junto al primero formaba un todo levanta la voz dirigiéndose a Federico, que asustado escucha:
- Lo ziento, ha se usted sentado en la cima de mi abrigo.
- ¿Qué? - Pregunta confuso Federico.
- Creo que me se ha entendido cuando hablaba. ¡De que el abrigo que bajo usted hayase es mio! - Responde Ascledoto tirando de una manga por suerte señal de que aquel galimatías sonoro tenía un significado.
- Ah, ya entiendo, ¡disculpe! - Dice Federico mientras en un intento por ponerse en pié de nuevo pierde la situación de la anilla que agarraba con anterioridad y da con su cabeza en una de las barras verticales que sujetan el techo del autobús, rebotando y callendo nuevamente de culo al asiento.
Ascledoto, más confundido que comprensivo por no haberse fijado en la dureza del golpe espera a que Federico se retire la mano de la frente para continuar su disertación:
- Oigame usted, que va a oirme, que me se está destrozando el abrigo sus posaderas con debajo, esta forma de burlarse de uno no es, ¿eh?, no me haga usted a la autoridad llamar que tenemos ya la, ¿eh?
Dicen que el desprecio comienza con una palabra y termina a golpes, pero el efecto que estas palabras escogidas al azar tienen en Federico va mucho más allá del desprecio. Sus ojos se entornan y enrojecen, empieza a salivar y a resoplar deformando el aire que circunda sus orificios nasales e incrusta la cabeza entre sus hombros. Sin corregir la pose que debido quizás a su torpeza, adquirió involuntariamente agarra el asiento de delante suyo con ambas manos y estira las piernas, liberando el dichoso elemento que oprimía.
Ascledoto aprovecha la ocasión para recoger cuidadosamente el abrigo y sacar de uno de sus bolsillos una cajetilla de tabaco aplastada, a lo que continúa diciendo, ya nervioso:
- Lo que hizo, mirelo usted, lo que hizo. ¿A qué refería me digo ve?, ¿eh? Debería más cuidado tener con hacer qué. Paga esta cajetilla me.
Saca una pequeña calculadora de otro de los bolsillos y comienza a apretar botones.
- Veamos, cajetilla, 80 2 con...
A estas palabras le siguen una serie de vocablos, por no decir balbuceos (que indigna a la persona de la que se habla), y una exclamación mientras Ascledoto muestra la pantalla de la calculadora a Federico. Ésta estaba rajada y aparecía en ella una mancha negra como si se hubiera derramado tinta encima. Ascledoto finalmente logra encontrar un orden a las palabras que le venían a la mente y dice bien alto:
- ¡Me la pagas! ¡Calculadora la pagas me!
Las pocas nociones de Federico sobre causalidad logran, a pesar del golpe que todavía siente en la frente hacerle caer en la cuenta de que él no había visto la calculadora hasta entonces y podía haber estado dañada antes de sentarse él encima. Federico se levanta sin decir ni una palabra, indignado pulsa el botón para bajarse en la siguiente parada. A esto le sigue una retaila de palabras inconexas que llaman la atención del cobrador del autobús, que corre raudo a resolver el conflicto.
- He estado observando lo acontecido. Le debes 2 con 80 de los cigarrillos mas el valor de la calculadora, y debes lavarle la chaqueta. Muy bien, veamos, DNI.
La opresión nunca ha llevado a nadie a hacer nada coherente, ya venga de un disléxico, de una autoridad o de ambos, así que Federico empuja al cobrador tan fuerte como puede contra uno de los cristales, rompiéndolo y dejándole vía libre para huir en la curva siguiente.
- Lo ziento, ha se usted sentado en la cima de mi abrigo.
- ¿Qué? - Pregunta confuso Federico.
- Creo que me se ha entendido cuando hablaba. ¡De que el abrigo que bajo usted hayase es mio! - Responde Ascledoto tirando de una manga por suerte señal de que aquel galimatías sonoro tenía un significado.
- Ah, ya entiendo, ¡disculpe! - Dice Federico mientras en un intento por ponerse en pié de nuevo pierde la situación de la anilla que agarraba con anterioridad y da con su cabeza en una de las barras verticales que sujetan el techo del autobús, rebotando y callendo nuevamente de culo al asiento.
Ascledoto, más confundido que comprensivo por no haberse fijado en la dureza del golpe espera a que Federico se retire la mano de la frente para continuar su disertación:
- Oigame usted, que va a oirme, que me se está destrozando el abrigo sus posaderas con debajo, esta forma de burlarse de uno no es, ¿eh?, no me haga usted a la autoridad llamar que tenemos ya la, ¿eh?
Dicen que el desprecio comienza con una palabra y termina a golpes, pero el efecto que estas palabras escogidas al azar tienen en Federico va mucho más allá del desprecio. Sus ojos se entornan y enrojecen, empieza a salivar y a resoplar deformando el aire que circunda sus orificios nasales e incrusta la cabeza entre sus hombros. Sin corregir la pose que debido quizás a su torpeza, adquirió involuntariamente agarra el asiento de delante suyo con ambas manos y estira las piernas, liberando el dichoso elemento que oprimía.
Ascledoto aprovecha la ocasión para recoger cuidadosamente el abrigo y sacar de uno de sus bolsillos una cajetilla de tabaco aplastada, a lo que continúa diciendo, ya nervioso:
- Lo que hizo, mirelo usted, lo que hizo. ¿A qué refería me digo ve?, ¿eh? Debería más cuidado tener con hacer qué. Paga esta cajetilla me.
Saca una pequeña calculadora de otro de los bolsillos y comienza a apretar botones.
- Veamos, cajetilla, 80 2 con...
A estas palabras le siguen una serie de vocablos, por no decir balbuceos (que indigna a la persona de la que se habla), y una exclamación mientras Ascledoto muestra la pantalla de la calculadora a Federico. Ésta estaba rajada y aparecía en ella una mancha negra como si se hubiera derramado tinta encima. Ascledoto finalmente logra encontrar un orden a las palabras que le venían a la mente y dice bien alto:
- ¡Me la pagas! ¡Calculadora la pagas me!
Las pocas nociones de Federico sobre causalidad logran, a pesar del golpe que todavía siente en la frente hacerle caer en la cuenta de que él no había visto la calculadora hasta entonces y podía haber estado dañada antes de sentarse él encima. Federico se levanta sin decir ni una palabra, indignado pulsa el botón para bajarse en la siguiente parada. A esto le sigue una retaila de palabras inconexas que llaman la atención del cobrador del autobús, que corre raudo a resolver el conflicto.
- He estado observando lo acontecido. Le debes 2 con 80 de los cigarrillos mas el valor de la calculadora, y debes lavarle la chaqueta. Muy bien, veamos, DNI.
La opresión nunca ha llevado a nadie a hacer nada coherente, ya venga de un disléxico, de una autoridad o de ambos, así que Federico empuja al cobrador tan fuerte como puede contra uno de los cristales, rompiéndolo y dejándole vía libre para huir en la curva siguiente.
El niño y el perro
Cuando amaneció salió del cubo de basura en el que solía apaciguar su hambre las noches frías y con pericia esquivó carruajes y transeúntes hasta toparse con un viejo engordado por harapos limpios y muy refinados que salía por una puerta abierta. Agachándose lentamente introdujo una mano en su bolsillo y sacó de él un pedazo de fiambre al que estaba pegada una ficha de casino que calló al suelo.
Mientras degustaba el manjar que le habían ofrecido el hombre era abordado violentamente por otro cuyo aspecto recordaba al que gustaba de propinar palizas. Éste invitó forzadamente al primero a entrar de nuevo en la taberna a la par que articulaba la siguiente frase:
- Las fichas no salen. Normas de la casa.
Mientras el hombre harapiento era víctima de todo tipo de atropello verbal intentando recuperar el dinero que había gastado en las fichas que le quedaban un movimiento fantasmal centró su atención en una boca de alcantarilla en la acera de enfrente. Corriendo se dirigió a ella y del olor que desprendía pudo distinguir el de una rata vieja. Con la intención de llamar la atención de algún peatón nasalizó un pitido intermitente pero constante como tratando de jugar con los sentimientos de todo aquel que pasara, pero sin éxito. Desesperado se dispuso a bordear el edificio que guardaba la boca de alcantarilla pero cuando llegó al callejón le esperaba su peor pesadilla. Unos niños consiguieron rodearlo mientras otro encendía con cerillas una tela amarrada a un palo. Primero uno y luego otro se le acercaban gritando para conducirlo hacia la fogata, a lo que sus colmillos obedecían tornando visible toda su extensión. Cuando parecía que era el final y que iba a salir escaldado de aquella trifulca, una voz desde lo alto hizo cambiar las tornas:
- ¡Yozuaa! ¡Zube pa cazaa tomahte er zumo que te vah a quedá ejcuálido!
La distracción de Yosua (que es como el susodicho escribía su nombre) abrió una brecha en el cerco que perduró lo suficiente como para que el perro pudiera correr y alejarse hasta la calle principal. Mientras los demás niños se planteaban los límites del bien y del mal atendiendo a lo sucedido en aquel callejón Yosua desaparecía lamentándose por una de las puertas que daban al mismo y mientras subía unas escaleras mohosas de contrachapado soñaba con huir lejos del control de sus mayores, allá donde los perros y los niños se enfrentaran en portentosas demostraciones de poder y agresividad.
Cuando entró por la puerta su tío Gilito estaba sentado en la cocina abriendo y cerrando una navaja de mariposa mientras unos huevos fritos se enfriaban ante sus narices. Dirigiéndose a Yosua comentó:
- ¡Tu madre eztá que arde!
Esto desvió la atención de Yosua del cuchillo que bien podía servir para abrir en canal algún que otro perro y le hizo mirar al suelo mientras recorría el pequeño espacio entre la puerta de la cocina y la encimera sobre la que estaba preparado su zumo. A la vez su madre articuló un gruñido dirigiéndose a Gilito. Éste clavó inesperadamente la navaja en la mesa mientras se levantaba diciendo lo siguiente:
- Tu padre ezjtá muerto, chaval y como yo no puedo protegero pa ciempre ten er cuchillo. Ten cuidao, porque aquer contra el que la uce no tendrá reparo en darte a morí.
Mientras su tío Gilito maldecía a su marcha Yosua pensó que cuando la usara mataría a aquel contra el que la usara no fuese que se revelara en su contra. A pesar de los gritos de reprobación de su madre Yosua cogió la navaja y salió a la calle sin beberse el zumo. Enervado por lo sucedido buscó al perro por donde se había ido y allí lo encontró, sentado frente a una taberna que hacía las veces de casino, muy frecuentada por su tío y en la que trabajaba su madre por las noches. En cuanto la atención pudo advertirlo, el perro comenzó a correr y el hombre harapiento, que en ese instante salía del recinto, al verlo se interpuso; agarrando el brazo armado del niño con una mano y su oreja con la otra le dijo:
- ¿D'onde haj zacado ezo, demonio? Ahora mismo vamos a ver a tu madre.
Estas palabras deshicieron la prácticamente inexistente autoestima de Yosua de modo que reunió las fuerzas necesarias para librarse del agarre del viejo, y en una artimaña digna de un mago de feria le seccionó la manga. Recordando las palabras de su tío y las conclusiones a las que le hacían llegar el niño se obcecó en rebanarle un pedazo al viejo, de tal suerte que la primera herida le hizo retroceder y caer por las escaleras que bajaban a la taberna. Entre tanto la habilidad para canalizar la agresividad del guardián de la taberna sobrecogió a Yosua, pudiendo el primero arrebatarle su preciado instrumento de opresión.
Alrededor del viejo se formó un círculo de gente que comentaba sin cesar:
- ¿Ejtá muerto?
- No, no, parece que ce mueve.
- Ej la ropa que está hinchá, él ejtá frito.
- Que no que rejpira.
- ¿Ceguro?
- ¿Ejtá muerto?
- ¿Qué paza?
Las preguntas se sucedían unas a otras sin obtener respuestas y a pesar de ello. Mientras, Yosua volvía a su casa a esperar a su tío. Le habían quitado su navaja y quería que se la devolvieran.
Mientras degustaba el manjar que le habían ofrecido el hombre era abordado violentamente por otro cuyo aspecto recordaba al que gustaba de propinar palizas. Éste invitó forzadamente al primero a entrar de nuevo en la taberna a la par que articulaba la siguiente frase:
- Las fichas no salen. Normas de la casa.
Mientras el hombre harapiento era víctima de todo tipo de atropello verbal intentando recuperar el dinero que había gastado en las fichas que le quedaban un movimiento fantasmal centró su atención en una boca de alcantarilla en la acera de enfrente. Corriendo se dirigió a ella y del olor que desprendía pudo distinguir el de una rata vieja. Con la intención de llamar la atención de algún peatón nasalizó un pitido intermitente pero constante como tratando de jugar con los sentimientos de todo aquel que pasara, pero sin éxito. Desesperado se dispuso a bordear el edificio que guardaba la boca de alcantarilla pero cuando llegó al callejón le esperaba su peor pesadilla. Unos niños consiguieron rodearlo mientras otro encendía con cerillas una tela amarrada a un palo. Primero uno y luego otro se le acercaban gritando para conducirlo hacia la fogata, a lo que sus colmillos obedecían tornando visible toda su extensión. Cuando parecía que era el final y que iba a salir escaldado de aquella trifulca, una voz desde lo alto hizo cambiar las tornas:
- ¡Yozuaa! ¡Zube pa cazaa tomahte er zumo que te vah a quedá ejcuálido!
La distracción de Yosua (que es como el susodicho escribía su nombre) abrió una brecha en el cerco que perduró lo suficiente como para que el perro pudiera correr y alejarse hasta la calle principal. Mientras los demás niños se planteaban los límites del bien y del mal atendiendo a lo sucedido en aquel callejón Yosua desaparecía lamentándose por una de las puertas que daban al mismo y mientras subía unas escaleras mohosas de contrachapado soñaba con huir lejos del control de sus mayores, allá donde los perros y los niños se enfrentaran en portentosas demostraciones de poder y agresividad.
Cuando entró por la puerta su tío Gilito estaba sentado en la cocina abriendo y cerrando una navaja de mariposa mientras unos huevos fritos se enfriaban ante sus narices. Dirigiéndose a Yosua comentó:
- ¡Tu madre eztá que arde!
Esto desvió la atención de Yosua del cuchillo que bien podía servir para abrir en canal algún que otro perro y le hizo mirar al suelo mientras recorría el pequeño espacio entre la puerta de la cocina y la encimera sobre la que estaba preparado su zumo. A la vez su madre articuló un gruñido dirigiéndose a Gilito. Éste clavó inesperadamente la navaja en la mesa mientras se levantaba diciendo lo siguiente:
- Tu padre ezjtá muerto, chaval y como yo no puedo protegero pa ciempre ten er cuchillo. Ten cuidao, porque aquer contra el que la uce no tendrá reparo en darte a morí.
Mientras su tío Gilito maldecía a su marcha Yosua pensó que cuando la usara mataría a aquel contra el que la usara no fuese que se revelara en su contra. A pesar de los gritos de reprobación de su madre Yosua cogió la navaja y salió a la calle sin beberse el zumo. Enervado por lo sucedido buscó al perro por donde se había ido y allí lo encontró, sentado frente a una taberna que hacía las veces de casino, muy frecuentada por su tío y en la que trabajaba su madre por las noches. En cuanto la atención pudo advertirlo, el perro comenzó a correr y el hombre harapiento, que en ese instante salía del recinto, al verlo se interpuso; agarrando el brazo armado del niño con una mano y su oreja con la otra le dijo:
- ¿D'onde haj zacado ezo, demonio? Ahora mismo vamos a ver a tu madre.
Estas palabras deshicieron la prácticamente inexistente autoestima de Yosua de modo que reunió las fuerzas necesarias para librarse del agarre del viejo, y en una artimaña digna de un mago de feria le seccionó la manga. Recordando las palabras de su tío y las conclusiones a las que le hacían llegar el niño se obcecó en rebanarle un pedazo al viejo, de tal suerte que la primera herida le hizo retroceder y caer por las escaleras que bajaban a la taberna. Entre tanto la habilidad para canalizar la agresividad del guardián de la taberna sobrecogió a Yosua, pudiendo el primero arrebatarle su preciado instrumento de opresión.
Alrededor del viejo se formó un círculo de gente que comentaba sin cesar:
- ¿Ejtá muerto?
- No, no, parece que ce mueve.
- Ej la ropa que está hinchá, él ejtá frito.
- Que no que rejpira.
- ¿Ceguro?
- ¿Ejtá muerto?
- ¿Qué paza?
Las preguntas se sucedían unas a otras sin obtener respuestas y a pesar de ello. Mientras, Yosua volvía a su casa a esperar a su tío. Le habían quitado su navaja y quería que se la devolvieran.
Ella no sabía
Ella no sabía que el barco estaba a punto de zarpar. Cuando vio soltar las amarras salió de la cafetería sin pagar la consumición y aceleró hasta que sus piernas tropezaron y un ancla embistió su cabeza. Entre sueños sólo pudo distinguir de un habitáculo que trotaba una cara amable que parecía pitar rítmicamente. Cuando despertó se encontraba cómodamente tumbada, junto a una bolsa de la que colgaba un tubo que se clavaba en su brazo. Se deshizo de ésta y de otras extensiones que le brotaban de la piel mientras lograba dilucidar que le faltaba su ropa. Se puso en pié y comenzó a tambalearse, lo que le llevó a arrodillarse un número inusitado de veces antes de tropezar con un viejo pegado al suelo por una hilera de asientos y un bastón. Dirigiéndose a él levantó la voz y trató de articular la siguiente transcripción:
- ¿Dónde estamos?
Esto deformó al viejo separando su mentón del mango del bastón mientras se le oía decir:
- En el hospital.
La respuesta de la chica se demoró hasta que consiguió fuerzas suficientes para que se le oyera en las habitaciones cercanas. Esto sobresaltó a un médico que acercándose hizo regresar al viejo a su posición anterior y encontrando el número de la habitación de la chica en su muñeca se colocó bajo su hombro y le dijo en tono despreciable:
- Venga por aquí.
De vuelta a la habitación la colocó en la camilla y después de leer un papel sobre una de las mesas le dijo que descansara y salió a hablar con una enfermera convenientemente emplazada. Ya era de noche y la hora de la cena a lo que apareció otro médico a explicarle que a punto de pasar otra, había estado una noche en el hospital. El barco que zarpó no volvería hasta dentro de un mes, pero ella sabía que hacía escala no muy lejos de allí al día siguiente por lo que después de comer algo decidiría buscar su ropa en la habitación y salir a su encuentro.
A pocas manzanas sorteando vagabundos y bebedores precoces encontró la boca del metro y pudo llegar rodeada de luces a un asiento que no destacaba entre ningún otro por su comodidad. Cuando el vehículo paró delante suyo le sobrevino una nube tóxica, señal de que debía levantarse y andar hasta cruzar la puerta. Lamentablemente tuvo que agarrarse a los barrotes del metro para mantener el equilibrio mientras llegaba al aeropuerto, pero esto la dejó en posición de sustraer discretamente una cartera con tarjetas de crédito y dinero en metálico.
Cuando llegó al aeropuerto contó el total del dinero que traía, 38 con 47 y se dirigió a una ventanilla para comprar un billete.
- El próximo es a las 3:45, sale 41 con 30.
- No me llega.
- Hay uno que está embarcando al aeropuerto sur, sale 28 con 90.
- ¿Y para el norte?
- Lo tengo completo, lo que puede hacer es esperar a que algún pasajero falte, serían 14 con 80.
- Está bien.
Y corrió a las puertas de embarque. Allí se sentó frente una de las pantallas que caían del techo y esperó a que embarcara el próximo avión. A las 6:00 consiguió entrar en una avioneta ruidosa que tenía de aerodinámico lo que un árbol y que le llevó hasta el destino previsto holgadamente. De nuevo en otro aeropuerto se subió a un taxi que por no llevar equipaje no pagó, pero que la condujo hasta el puerto. Dirigiéndose a una ventanilla preguntó por el barco que había perdido:
- Sale a las 11:15, son 80 con 20.
- Tengo este billete, no llegué a tiempo de cogerlo.
- Está bien, la diferencia son 7 con 30, tenga.
Una vez en su camarote lavó la sangre de su ropa y se echó a dormir. Gracias a la estufa que asolaba el cuarto pudo explorar minuciosamente la parte transitable del barco sin excesiva demora y encontrar la salida por la que se adentró esa noche.
El pasadizo estaba iluminado por tenues plafones y las paredes estaban franqueadas por cables y tuberías. Los siguió para encontrarse entarimada en una habitación llena de marineros asiáticos trabajando de forma casi enfermiza y que gritaban rítmicamente como esperando que sucediera algo importante. Y como era de prever una esfera naranja de unos 5 metros de diámetro calló sobre un soporte en el suelo, amenazando de aplastamiento a algún marinero que solamente por pura pericia pudo librarse de tan indeseable final.
Impresionada por aquel acontecimiento no pudo ver la pieza de maquinaria que le cercenó el brazo derecho, dejándola caer en una pila de algas que guardaba la tarima sobre la que estaba. Entre los trabajadores del barco se hizo la quietud y pronto se hayó en un camarote molestamente iluminado con medio cuerpo enyesado. Solamente la punta de los dedos de la mano cercenada sobresalía del mineral, dedos que por desgracia no eran sensibles al tacto.
La desesperación le hizo desmayarse y al poco rato llegó el capitán. En la habitación se oyó una conversación que hizo que más tarde el barco invirtiera su rumbo. Cuando volvió a despertar un helicóptero había aterrizado en la cubierta del barco y unos enfermeros corrían hacia ella. Trató de ponerse en pié y andar hasta la puerta pero la cogieron igualmente en volandas y regresaron al helicóptero igual de rápido que como venían.
Ahora en otro hospital la durmieron y rompiendo la escayola volvieron a colocarle el brazo, esta vez mas pacientemente. Cuando se había recuperado fue a la ventanilla donde compró el primer billete para exigir la devolución del dinero:
- El combustible gastado al virar el barco y el del helicóptero son 683 con 87.
- ¿Dónde estamos?
Esto deformó al viejo separando su mentón del mango del bastón mientras se le oía decir:
- En el hospital.
La respuesta de la chica se demoró hasta que consiguió fuerzas suficientes para que se le oyera en las habitaciones cercanas. Esto sobresaltó a un médico que acercándose hizo regresar al viejo a su posición anterior y encontrando el número de la habitación de la chica en su muñeca se colocó bajo su hombro y le dijo en tono despreciable:
- Venga por aquí.
De vuelta a la habitación la colocó en la camilla y después de leer un papel sobre una de las mesas le dijo que descansara y salió a hablar con una enfermera convenientemente emplazada. Ya era de noche y la hora de la cena a lo que apareció otro médico a explicarle que a punto de pasar otra, había estado una noche en el hospital. El barco que zarpó no volvería hasta dentro de un mes, pero ella sabía que hacía escala no muy lejos de allí al día siguiente por lo que después de comer algo decidiría buscar su ropa en la habitación y salir a su encuentro.
A pocas manzanas sorteando vagabundos y bebedores precoces encontró la boca del metro y pudo llegar rodeada de luces a un asiento que no destacaba entre ningún otro por su comodidad. Cuando el vehículo paró delante suyo le sobrevino una nube tóxica, señal de que debía levantarse y andar hasta cruzar la puerta. Lamentablemente tuvo que agarrarse a los barrotes del metro para mantener el equilibrio mientras llegaba al aeropuerto, pero esto la dejó en posición de sustraer discretamente una cartera con tarjetas de crédito y dinero en metálico.
Cuando llegó al aeropuerto contó el total del dinero que traía, 38 con 47 y se dirigió a una ventanilla para comprar un billete.
- El próximo es a las 3:45, sale 41 con 30.
- No me llega.
- Hay uno que está embarcando al aeropuerto sur, sale 28 con 90.
- ¿Y para el norte?
- Lo tengo completo, lo que puede hacer es esperar a que algún pasajero falte, serían 14 con 80.
- Está bien.
Y corrió a las puertas de embarque. Allí se sentó frente una de las pantallas que caían del techo y esperó a que embarcara el próximo avión. A las 6:00 consiguió entrar en una avioneta ruidosa que tenía de aerodinámico lo que un árbol y que le llevó hasta el destino previsto holgadamente. De nuevo en otro aeropuerto se subió a un taxi que por no llevar equipaje no pagó, pero que la condujo hasta el puerto. Dirigiéndose a una ventanilla preguntó por el barco que había perdido:
- Sale a las 11:15, son 80 con 20.
- Tengo este billete, no llegué a tiempo de cogerlo.
- Está bien, la diferencia son 7 con 30, tenga.
Una vez en su camarote lavó la sangre de su ropa y se echó a dormir. Gracias a la estufa que asolaba el cuarto pudo explorar minuciosamente la parte transitable del barco sin excesiva demora y encontrar la salida por la que se adentró esa noche.
El pasadizo estaba iluminado por tenues plafones y las paredes estaban franqueadas por cables y tuberías. Los siguió para encontrarse entarimada en una habitación llena de marineros asiáticos trabajando de forma casi enfermiza y que gritaban rítmicamente como esperando que sucediera algo importante. Y como era de prever una esfera naranja de unos 5 metros de diámetro calló sobre un soporte en el suelo, amenazando de aplastamiento a algún marinero que solamente por pura pericia pudo librarse de tan indeseable final.
Impresionada por aquel acontecimiento no pudo ver la pieza de maquinaria que le cercenó el brazo derecho, dejándola caer en una pila de algas que guardaba la tarima sobre la que estaba. Entre los trabajadores del barco se hizo la quietud y pronto se hayó en un camarote molestamente iluminado con medio cuerpo enyesado. Solamente la punta de los dedos de la mano cercenada sobresalía del mineral, dedos que por desgracia no eran sensibles al tacto.
La desesperación le hizo desmayarse y al poco rato llegó el capitán. En la habitación se oyó una conversación que hizo que más tarde el barco invirtiera su rumbo. Cuando volvió a despertar un helicóptero había aterrizado en la cubierta del barco y unos enfermeros corrían hacia ella. Trató de ponerse en pié y andar hasta la puerta pero la cogieron igualmente en volandas y regresaron al helicóptero igual de rápido que como venían.
Ahora en otro hospital la durmieron y rompiendo la escayola volvieron a colocarle el brazo, esta vez mas pacientemente. Cuando se había recuperado fue a la ventanilla donde compró el primer billete para exigir la devolución del dinero:
- El combustible gastado al virar el barco y el del helicóptero son 683 con 87.
domingo, 14 de agosto de 2011
Bases nitrogenadas extraterrestres
Esta semana se han encontrado evidencias de la formación extraterrestre de toda una variedad de bases nitrogenadas, algunas componentes del ADN como la adenina y la guanina, otras que participan en procesos biológicos y otras que no.
Aunque al obtuso esto pueda incitar a pensar que la vida se originó en el espacio, no hay que pasar por alto que la vida está más relacionada con determinadas interacciones entre sus componentes que con la presencia de ellos. Bases nitrogenadas desordenadas no codifican ningún aminoácido, y sin la proteína adecuada no puede replicarse una cadena ordenada de éstas.
Aunque al obtuso esto pueda incitar a pensar que la vida se originó en el espacio, no hay que pasar por alto que la vida está más relacionada con determinadas interacciones entre sus componentes que con la presencia de ellos. Bases nitrogenadas desordenadas no codifican ningún aminoácido, y sin la proteína adecuada no puede replicarse una cadena ordenada de éstas.
Etiquetas:
biología,
ciencia,
el espacio
miércoles, 19 de enero de 2011
Entrelazan 10 mil millones de pares de qbits
Unos de Oxford (Reino Unido) entrelazaron 10 mil millones de spines de núcleos de fósforo con el de uno de sus respectivos electrones en un cristal de silicio 28 ultrapuro a 2,9ºK.
Etiquetas:
ciencia,
informática,
tecnología
viernes, 14 de enero de 2011
Nuevo método de fabricación de vacunas de la gripe independiente de los huevos de gallina
Al contrario de como se viene haciendo desde hace un tiempo inusitado, el nuevo método desarrollado en la Universidad de Rochester usa bacterias en lugar de huevos de gallina para la fabricación de estas vacunas. Esto es importante por la dificultad que supone disponer de tantos huevos de gallina para este cometido, así como la de manipularlos.
lunes, 10 de enero de 2011
El consumo desmedido de internet conduce a la quiebra energética
Un informático de la Universidad de Bristol ha caculado en 4 W/MB el consumo energético de las conexiones de banda ancha. Siendo esto así en 2030 se necesitará un incremento en la eficiencia de las fuentes de energía renovables de un 6000% para abastecer el consumo de 3200 MB al día por persona que se calcula para entonces.
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sábado, 8 de enero de 2011
Buscar comandos por su descripción
La orden
apropos muestra los comandos en cuyos manuales encuentra las palabras indicadas en la línea de órdenes.
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Modificar las etiquetas de los mp3
Con
Otro comando útil en este sentido es
mp3tag se puede realizar esta tarea. Si se ejecuta solo con el nombre del fichero se muestran las etiquetas de este. Si por el contrario se indica alguna de las siguientes opciones se graba la correspondiente etiqueta:-a <artista>
-e <comentario>
-g <género>
-k <pista>
-l <álbum>
-s <título>
-y <año>Si se añade además -r la nueva etiqueta se mezcla con la que pudiera tener el archivo.Otro comando útil en este sentido es
mp3info, el cual permite entre otras cosas formatear la salida o forzar las etiquetas de archivos ogg o flac.
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viernes, 7 de enero de 2011
Cambiar la codificación de caracteres de un archivo
La codificación de caracteres por defecto de los archivos nuevos en la mayoría de sistemas Linux es
UTF-8. Si se desea cambiar esto puede hacerse uso del comando iconv, cuya sintaxis más general es la siguiente:$ iconv -f <codificación del archivo> -t <codificación de la salida> -o <archivo de salida> <archivo>Si no se especifica un archivo de salida ésta se realizará por la salida estándar. Para saber las codificaciones soportadas:$ iconv --listPara conocer la codificación que usa un archivo sirve el comando file.
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jueves, 6 de enero de 2011
Comprobar la ortografía de un archivo de texto plano
Usando el comando
aspell puede revisarse la ortografía de un archivo de texto plano. Para comprobar los diccionarios que soporta se hace:$ aspell dictsLo cual da una salida como la siguiente:en
en-variant_0
en-variant_1
en-variant_2
en-w_accents
en-wo_accents
en_CA
en_CA-w_accents
en_CA-wo_accents
en_GB
en_GB-ise
en_GB-ise-w_accents
en_GB-ise-wo_accents
en_GB-ize
en_GB-ize-w_accents
en_GB-ize-wo_accents
en_GB-w_accents
en_GB-wo_accents
en_US
en_US-w_accents
en_US-wo_accents
esSe puede encontrar otros diccionarios con:$ apt-cache search aspell-<código del país>Para revisar un archivo usando el diccionario es sería:$ aspell -d es -c <archivo>Y para obtener ayuda sobre cómo usar el comando:$ aspell -?
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viernes, 31 de diciembre de 2010
Cómo poner un link en un archivo flash embebido en una página web
El código HTML para reproducir un archivo
.swf generalmente es algo como lo siguiente:<object width="PIXELS" height="PIXELS">
<embed type="application/x-shockwave-flash" name="NOMBRE" src="RUTA" width="PIXELS" height="PIXELS" />
</object>Si queremos que nos sirva de enlace lo propio sería añadir <a href="link"> y </a> al principio y al final respectivamente, pero haciéndolo nos percatamos inmediatamente de que el link no funciona. Para solucionar esto es necesario añadir el parámetro wmode, quedando lo siguiente:<a href="link">
<object width="PIXELS" height="PIXELS">
<parameter name="wmode" value="transparent">
<embed type="application/x-shockwave-flash" name="NOMBRE" wmode="transparent" src="RUTA" width="PIXELS" height="PIXELS" />
</object>
</a>
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jueves, 23 de diciembre de 2010
Cómo usar las opciones de time
Al menos en Ubuntu 9.04 el comando
time no admite el uso de las opciones del manual en la línea de comandos pero sí lo hace, en cambio, el programa propiamente dicho. Para encontrarlo basta con hacer:$ which timeUna salida típica de este comando sería:/usr/bin/timePara activar el uso de opciones basta con crear un alias de esta ruta en el .bashrc que sobreescriba al existente:$ echo "alias time='/usr/bin/time'" >> .bashrc
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Impresión con CUPS desde la línea de comandos
Si en algo se ha expandido Apple Inc. es en el mundo de la impresión. Si se cuenta con el servidor CUPS instalado se podrá imprimir desde la línea de comandos con
La siguiente línea sirve para obtener una lista de las impresoras instaladas y sus estados:
Para dar formato a los archivos que han de imprimirse véase
lp o lpr.La siguiente línea sirve para obtener una lista de las impresoras instaladas y sus estados:
$ lpstat -aSi se desea utilizar alguna de forma predeterminada habrá que hacer:$ lpoptions -d <impresora>De este modo no habrá que especificar el nombre de la impresora cada vez que se vaya a usar, aunque se puede hacer libremente si se desea imprimir con otra con la opción -d <impresora> de lp o -P <impresora> de lpr. Para comprobar si existe alguna impresora predeterminada:$ lpstat -dHabiendo hecho esto ya se está en disposición de imprimir fácilmente con alguno de los siguientes comandos:$ lp <fichero>O$ lpr <fichero>Para cancelar todos los trabajos de una impresora:$ cancel -a <impresora>O no especificar la impresora para cancelar todos los trabajos de todas las impresoras. escribiendo lp en un terminal y presionando tabular se obtiene una lista de comandos bastante útiles en este sentido.Para dar formato a los archivos que han de imprimirse véase
pr.
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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Screencast con ffmpeg
Son muchos los vídeos que vemos en los que otra gente nos muestra sus escritorios. Esto puede hacerse con
ffmpeg de la siguiente forma:$ ffmpeg -f x11grab -s ANCHOxALTO -r FPS -i :0.0+X,Y -sameq <archivo_de_salida>Grabando en un archivo un cuadro de la pantalla. Para saber los formatos de salida que admite ffmpeg se hace:$ ffmpeg -formatsSi además queremos añadirle una pista de sonido puede hacerse:$ ffmpeg -i <pista_de_sonido> -i <pista_de_video> <archivo_de_salida>Esto truncará la pista más larga a la longitud de la más corta.
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martes, 7 de diciembre de 2010
Sondas meteorológicas en Venus y a Marte
Una sonda meteorológica acaba de llegar rota a Venus y se ha tenido que quedar dando vueltas alrededor del Sol. Además no será hasta ni se sabe cuándo que mandarán otra a Marte.
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El comando APG
Contínuamente nos encontramos en la disyuntiva de generar secuencias aleatorias de caracteres. El comando
Así por ejemplo si se desea crear una palabra que contenga necesariamente algún caracter de cada tipo excluyendo paréntesis, corchetes y llaves ponemos:
apg de Linux facilita la tarea. Con apt-get nos aseguraríamos de tenerlo instalado escribiendo:# apt-get install apgAl ejecutarlo pide una frase aleatoria pero puede evitarse administrándosela junto al comando:$ apg <frase>Esto proporciona por defecto 6 palabras aleatorias "fáciles de recordar" en inglés. Tiene otras opciones que sabemos escribiendo:$ man apgSi por ejemplo queremos especificar los caracteres que conformen la palabra aleatoria lo haríamos añadiendo -M <cadena> al comando, donde <cadena> es alguna combinación de las siguientes letras, que se corresponden con cada juego de caracteres:S o s: Caracteres especiales.
N o n: Números del 0 al 9.
C o c: Letras mayúsculas.
L o l: Letras minúsculas.El ponerlas mayúsculas fuerza a que cada juego de caracteres aparezca en la clave mientras que si se pone una minúscula se permite dicho juego. También pueden excluirse determinados caracteres añadiendo -E <caracteres>.Así por ejemplo si se desea crear una palabra que contenga necesariamente algún caracter de cada tipo excluyendo paréntesis, corchetes y llaves ponemos:
$ apg -n 1 -M SNCL -E '()[]{}'Este comando es similar al ya preinstalado mkpasswd, pero tiene un manual más detallado.
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viernes, 3 de diciembre de 2010
VideoLAN sin servidor X
Lo primero es asegurarse de tener instalados los paquetes necesarios o instalarlos usando el gestor de paquetes habitual. Con
apt-get sería:# apt-get install vlc vlc-noxY ya podremos ver vídeos en modo texto con:$ cvlc <nombre del archivo>Si además queremos verlo como texto habrá que usar las salidas de vídeo aa o caca (si se desea que el texto esté coloreado):$ cvlc --vout=<salida> <nombre del archivo>O$ cvlc -V <salida> <nombre del archivo>
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